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Fútbol, violencia e hipocresía

Imagen ilustrativa

DE LA COLUMNA DE ALFONSO LESSA – La muerte de un hincha de Peñarol en Santa Lucía determinó una severa actuación de la Justicia, que constituyó un mensaje contundente para los violentos. La lección, sin embargo, no se aprendió y las provocaciones y los incidentes incluso con armas de fuego, se han reiterado en Uruguay.

Por ALFONSO LESSA

Hace algunos meses un hincha de Peñarol fue asesinado a balazos en Santa Lucía y otro casi muere por el sólo pecado de estar festejando en la plaza de esa ciudad, junto a otros hombres, mujeres y niños, el aniversario del club aurinegro.

Por el hecho fueron procesadas diez personas: hinchas de Nacional que habían partido especialmente desde Montevideo para realizar el ataque.

Ni siquiera fue un incidente espontáneo, que hubiera sido igualmente reprobable. En este caso fue un ataque premeditado, de quienes viajaron quilómetros y por lo tanto tuvieron tiempo de sobra para pensarlo. Los autores no eran marginales y, pese a que inicialmente se lo negó, esa noche habían estado en al sede tricolor.

Al mismo tiempo aquella noche y bien lejos de Santa Lucía, como suele ocurrir durante esos festejos, hubo violencia y destrozos por parte de hinchas identificados con Peñarol. La zona de la rambla de Pocitos suele ser objetivo de estos desbordes. También miembros de la barra de ese club han robado banderas de su tradicional adversario.

La muerte de Santa Lucía determinó una severa actuación de la Justicia, que constituyó un mensaje contundente para los violentos. La lección, sin embargo, no se aprendió y las provocaciones y los incidentes incluso con armas de fuego, se han reiterado en Uruguay.

Esta semana la sociedad se vio sorprendida por la presencia de una gran bandera de Peñarol en el Parque Central y por el posterior hallazgo de 33 banderas robadas a la hinchada rival en la casa de un miembro de la seguridad tricolor.

¡Sí, un miembro de la seguridad, que recibía una compensación económica por su tarea! Un hombre, dicho sea de paso, con antecedentes, según reconoció el abogado y responsable de seguridad del club, Víctor de la Valle. Y además fue esta persona, con apoyo de otros funcionarios, quien ingresó la bandera al estadio tricolor.

Lo menos que puede esperarse en un caso como este, es una reacción muy clara y sin fisuras de parte de los directivos de la institución involucrada, cualquiera sea ella. El hecho sin embargo, mostró contradicciones inexplicables y planteó más dudas que certezas.

QUE SI, QUE NO
El presidente de Nacional, José Luis Rodríguez, negó que esas banderas hubieran estado en la sede de Nacional y atacó a algunos medios con una inusual dureza, acusándolos de decir falsedades. Luego, sin embargo, Víctor de la Valle debió reconocer que las banderas posiblemente sí hayan estado en la sede del club. Y desde la Justicia se ratificó la veracidad de lo informado.

El abogado defensor del hombre que tenía los “trofeos” robados en su casa, finalmente procesado, explicó que la introducción de la bandera al Parque Central, fue para responder a una provocación anterior de hinchas de Peñarol que también exhibieron banderas tricolores robadas.

Hubo, por lo tanto, expresiones de condena, pero también versiones encontradas y hasta cierta justificación de un episodio que sólo suma a la violencia.

SIN TREGUA
La semana anterior, en tanto, se habían producido enfrentamientos entre hinchas de Rampla Juniors y Cerro en el estadio Tróccoli, que siguieron luego del clásico en calles del barrio.

Ese episodio tuvo una derivación impactante cuando en un partido de Tercera División, un hombre que trabaja en al seguridad de Cerro y es padre de dos jugadores que estaban en pleno partido, recibió un balazo por la espalda que pudo haberlo matado.

También el estadio de Peñarol fue escenario hace poco de actos violentos dentro de la cancha, en las tribunas y en las afueras del mismo, durante un partido por la Copa Libertadores.

Muchas veces se la ha reclamado severidad a la Justicia que el año pasado sí dictó una sentencia ejemplarizante. El fútbol estuvo parado un buen tiempo debido a la violencia.

Desde el Ministerio del Interior se han denunciado omisiones, la entrega de entradas a miembros de las barras y se ha reclamado en varias oportunidades una mayor colaboración de los dirigentes.

Estos nuevos hechos plantean preguntas de difícil respuesta: ¿que se puede hacer frente a episodios como estos, cuando al menos una de las banderas fue robada a mano armada, lejos de cualquier estadio? ¿Qué puede esperarse cuando personal de seguridad y funcionarios de los clubes están directamente involucrados?

¿Qué pensar cuando se sabe que banderas robadas estuvieron depositadas en la sede uno de los clubes mas importantes del país? El hombre procesado, incluso, llegó a responsabilizar directamente a dirigentes en su declaración inicial, que luego cambió.

HACERSE CARGO
Es cierto que las cosas se han complicado mucho y en las hinchadas se cuelan el delito común, el robo, el tráfico de drogas y las amenazas. Y que nada de eso es fácil para los dirigentes.

Pero también resulta claro que sólo posturas realmente firmes, ajenas a dobles discursos y titubeos, pueden ayudar a superar este espiral de violencia y descontrol, que va mucho más allá de camisetas y banderías.

Un twit del destacado artista plástico y reconocido tricolor, Adolfo Sayago, dirigido al presidente de Nacional, fue muy claro: «José Luis, en ésta no te banco. Vi las fotos y las banderas estaban en el subsuelo donde estaba el bowling. Vamos a hacernos cargo”.

Fuente: El Espectador.

Acotamos: Transcribimos tal cual y estamos totalmente de acuerdo con lo vertido en tal columna agregando que, no siempre la culpa la tiene el otro y no siempre -a veces nunca- la culpa es de la Prensa. Autocríca y coraje hace falta. Y también limpiar «la basura» en todos los estamentos de nuestra sociedad.

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